Fatty Arbuckle: Gula, lujuria y envidia en Hollywoodland

noviembre 13, 2015 Jon Alonso 0 Comments








A lo largo de la historia del ser humano, la gula ha sido el  pecado más ignorado por la religión cristiana. Algo, con lo que no contaba, el creador, las actuales y adictivas cadenas de alimentación. El culto por los Fast Food es el balneario de la gula, en todo su esplendor. Sin embargo, este pecado no solo habla sobre comer, sino de toda sustancia nociva, de la cual se abuse. Lo paradójico del reto es que ese ingrediente, de la que se presume: como altamente nociva. Más tarde o más temprano; algo acabará con servidor y el resto del planeta. En la antigua Roma, los romanos eran glotones empedernidos. Se hicieron famosos, en la historia antigua, por sus exquisitos banquetes donde comían hasta hartarse y cuasi reventar. Muchos se dirigían a la ventana más cercana y vomitaban todo lo que habían ingerido. Una vez vaciado el buche regresaban a la mesa, para seguir devorando manduca hasta la próxima regurgitación. El arte ha dejado obras maestras, en manos divinas, caso de Hieronymus Bosch, donde se puede contemplar la gula desde una perspectiva milimétrica. Por una de las secciones, de la Mesa de los pecados capitales; se aprecian cuatro personajes. En la mesa hay un hombre gordo comiendo. A la derecha, de pie, otro que bebe ansiosamente, directamente de la jarra. A la izquierda, una mujer presenta una nueva vianda en una bandeja. En primer plano, una salchicha se asa al fuego. Aparece un niño obeso, que simboliza el mal ejemplo que se da a la infancia. Siguiendo con los siete pecados capitales y aquella joya que rodó el solvente David Fincher, en la entretenida Seven; la gula reflejaba uno de los episodios del film más desagradables y a la vez tragicómicos. Y es que la religión cristiana atribuye un color y un animal a este pecado. El cerdo y el color naranja. No vamos a ser malvados con este asunto del cerdo y el tono naranjito. Pues, vivimos en un mundo de ideas perversas y demasiado calenturientas, que en manos de fútiles interpretes podrían embadurnarse de estulticia. Actualmente, la gula es el pecado que se mira con menos recelo, ya que el culto a la comida, es más un arte, que un pecado. ¿Qué se lo pregunten a los directivos de las cadenas de televisión española y su pasión por los Realitys de cocina?  Creo, que nos hemos explicado y el  porqué de nuestro itinerario por alguno de los Affaires más brutales de la vieja Babilonia/Hollywooland Decididamente, una lectura de los Pecados Capitales, a través de la obra de Dante Alighieri nunca está de menos y este tiempo, actual, donde el otoño está siendo una estación agradable, siempre hay un hueco para una buena relectura. El concepto gula, se define, como todo apetito desmedido hacia cualquier sustancia que el cuerpo demande, incluyendo drogas, alcohol, y por supuesto, la manduca a tutiplén. Ahí, encajaba de maravilla nuestro personaje de hoy; Roscoe Fatty Arbuckle. Seguimos instalados, en la década divina, donde esos de la segunda cámara secundaría digital en 4K, no existía y menos aún el cute & delete. No los rollos de las vetustas películas del joven Kodak and Cia. A golpe de manivela nos ponían al día de los devaneos de nuestro amado y primitivo Hollywood. Aún reciente, la muerte del gran Wallace Reid y la maldita aguja de Pravaz. Aquella prístina sociedad, del espectáculo cinematográfico, estaba de bajón. El público necesitaba risas, carcajadas a mandíbula suelta, y de nuevo, lo que es ley de vida: el show debe continuar. Posiblemente, Hollywoodland era así de caprichoso. Un día cualquiera, de la noche a la mañana, llamas a la puerta de un productor y tiene el baño hecho unos zorros.














Del soplete y el  plomo, a dirigir películas mudas. Sintéticamente esta sería la historia de un un tipo enorme y rebosante de carne por todos sus costados; nuestro protagonista de esta crónica. Roscoe Fatty Arbuckle tenía 34 años y pesaría, entre los 120 a 140 kilos de peso. Dicen que cuando nació pesaba 8 kilos y con él nueve hermanos. Sus padres emigraron desde Kansas hasta California. Como muchas-os de las grandes estrellas, con una infancia triste y difícil. Su padre era un borracho maltratador de mucho cuidado. Pues, el progenitor la tenía bien tomada con el chaval. Puso en duda, en más de una ocasión, el lazo de sangre entre el pequeño Roscoe y él. Sospechaba que un mozalbete tan gordo no daba con el patrón de una familia de talla normalita. A ello, se le sumaba la mala salud de la madre de Fatty, que desde el parto, la mujer había ido a menos. Fatty odiaba su físico y las constantes humillaciones—típicas y crueles—de tus compañeros de colegio e infancia. Sin embargo hubo un lugar, donde FA era el dueño absoluto del tablero. Decidió que había que ganarse las habichuelas y se puso a trabajar en compañías de vodevil, como mimo, humorista y acróbata (suena extraño, pero era realmente ágil, a pesar de su peso). FA, desde los 8 años deslumbraba, al personal pero la muerte de su madre a los 12 años fue un palo, en toda regla. A solas con un montón de hermanos y un padre alcohólico y violento que lo maldecía. Siempre que podía le arreaba o le insultaba. Hasta que un día lo dejó. El chaval era listo y pronto se buscó la vida como botones en un hotel en S. José. Allí, un tipo lo observó trabajar. Fatty le encantaba cantar y no lo hacía mal. Bien, aquel tipo lo puso en un teatro, donde rulaba gente de todos los pelajes. Desde crápulas vividores, puteros impenitentes, buscadores de fortuna y quién sabe, si algún productor del vetusto Hollywood. El chaval estaba muy nervioso, pero pronto entró en calor un par de canciones, unos chistes y unas cuantas acrobacias; se metió al público en el bolsillo. Un público entre los que se encontraban algunos notables del mundo del espectáculo. Fatty inicia una carrera, muy en serio, desde el momento que conoce a Sid Grauman, en el teatro Unico de San José. Posteriormente, paso a ser el miembro estrella, en una compañía de teatro de Oregon. En 1906 y es contratado por un tipo llamado Leon Errol para trabajar en el teatro Orpheum. Un día apareció en el Last Chance Saloon, donde FA se travestía y cantaba para una platea de borrachos mineros —que disfrutaban con el show— como bebés al son de una nana. Errol le dejó el nombre de Fatty de por vida, algo que él odiaba y aborreció a lo largo de su carrera artística. FK era ya un personaje notorio en la escena norteamericana y ese momento, que le sonreía no lo dejó escapar. FK sabía que un tren de los grandes estaba esperándole en el apeadero. En 1912 conoció al director y productor Mack Sennett, dueño de la Keystone Kops Film Company por un asunto de lo más chocante. MS necesitaba arreglar un inodoro y FK era un manitas con la fontanería, en un periquete, le arreglo el WC. Mientras resolvía el entuerto, Sennet observaba —detenidamente— sus movimientos: una agilidad asombrosa para mover herramientas pequeñas y que requerían de manos habilidosas. Fatty desprendía un halo a diversión sin quererlo; un don innato. Había caído en gracia y muy pronto acabaría de socio de Mack Sennent. Comenzó ganando 25 dólares a la semana y a los pocos años sus películas lo convirtieron en uno de los cómicos más famosos de los Estados Unidos, a la altura de Chester Conklin o Ben Turpin. Fue un buen amigo de Charles Chaplin (BC reconoció en sus memorias que su estilo dejó señas de maestro). Y es que Chaplin empezó con un pequeño papel de extra en una película de Arbuckle.
















Mabel Norman—esposa— de Sennett, en comedias que eran la admiración de sus propios compañeros y competidores: Charles Chaplin y Buster Keaton. A partir de este año,  la Paramount le ofreció el control total de sus películas, además de crear la Comique Film Corporation exclusivamente para él, acontecimiento único en la industria de la época. Acababa de convertirse en el actor mejor pagado de su época, pues, ese contrato se estimaba que sería alrededor de un millón de dólares para realizar 18 films y un alto porcentaje, de taquilla, más, en calidad de actor/productor ejecutivo de su nueva compañía de cine. En 1921, echen cuentas de TAE y TIN, y demás variables devaluatorias: un Potosí. Fatty estaba montado en el dólar. Tenía mucho dinero. En agosto de1921 Arbuckle estaba en la cumbre de su carrera. Era un nuevo millonario de aquella nueva Babilonia: tenía 25.000 dólares en ropa, un Rolls—Royce y una mansión en Beverly Hills. A veces, seguía dándole vueltas a la cabeza al maldito apodo de Fatty, pues, lo abominaba. Por no decir, que le asqueaba escucharlo, cada vez que oía el maldito mote. Sin embargo los estudios lo obligaban a mantenerlo a cualquier precio, es decir, como si se comía una granja de pollos entera. Fatty debía de estar siempre orondo y relleno. Hay que reconocer que con un peso de 140 kilos, aquel tipo tenía una agilidad que impresionaba las futuras estrellas de la comedia cinematográfica. Una condición genética, a la que le estuvo agradecido, de por vida. Fatty era un hombre generoso, bonachón y amigo de las fiestas, que la prensa del espectáculo calificaba de divertidas y desmesuradas. Otras lenguas hablaban de un tipo aireado y malhumorado que bebía como un cosaco. Adicto a la morfina y la cocaína. Como muchos de los de aquella época, el ritmo de trabajo era agotador y los estimulantes estaban a la orden del día. El pobre Fatty sufrió, en una de sus piernas—una herida— que derivó en una infección bacteriana del carbunco. Su estado era muy débil, ya que durante el proceso perdió unos 25 kilos, y, la cosa se puso muy fea, cuando los galenos estuvieron en un tris de apuntarle la pierna. Y posiblemente, queridos amigos, el peor pecado no sea la gula de Fatty, sino la envidia del personal, de ver como un tipo orondo y arrogante triunfaba. Los dolores eran tan fuertes, que se pueden imaginar el resultado del trance, pues, un buen chute de morfina era el mejor paliativo para seguir en forma. Fatty Arbuckle tenía fama de obesivo/compulsivo por la limpieza y la gula lo devoraba mentalmente. Comía hasta vomitar la última aceituna, y, poco después volver a darse un nuevo atracón. Pero ya hemos hablado de los pecados capitales: De la gula a la avaricia y de soberbia a la envidia hay un apenas un minipeldaño. En 1920 impulsó la carrera de un joven que se convertiría en su mejor amigo, Buster Keaton. Buster fue el cómico que nunca reía y esto tiene una razón: cierta vez fue a almorzar con FA y un productor de la Paramount para hablar de un papel que le iban a dar. Keaton tenía una seria crisis estomacal y hacía esfuerzos para no reírse y no vomitar. 
















A Fatty le causó tanta gracia que le pidió que siempre se mantuviese serio. El 3 de setiembre, su amigo, Fred Fischbach planeo una gran fiesta para celebrar la buena marcha de la carrera de Fatty. Roscoe que triunfo rápidamente, pronto se dio cuenta que en este negocio iban unos añadidos con los que tenías que convivir. Su timidez inicial  y una relativa fobia social, por los saraos de promoción, de repente, todo cambió. El plus de  relacionarse con la gente, y por ende, la obligación de generar una mayor sociabilidad, poco a poco terminó por ser los más sociales de aquel mundillo. Sus fiestas y eventos era lo más de lo más. El actor anunció que se iba de Hollywood a San Francisco a festejar durante 48 horas. Concretamente, el éxito de su nuevo film; loco para casarse  planeo una gran fiesta para celebrar el acontecimiento.  Una fiesta, que se convirtió en una superfiesta —de tres días— en el Hotel de St. Francis en San Francisco. Una orgía que —desgraciadamente— fue su cripta. Alquiló las habitaciones; 1219, 1220 y 1221 del hotel St. Francis y llevó una victrola, discos, ginebra y whisky. En los Estados Unidos regía ya la Ley Seca, pero era también la época del jazz, de los Años Locos, y Fatty era Fatty. Las mejores fiestas del mundo… Estas fiestas dejaban a las fiestas de la Ibiza del S.XXI a la altura del betún. Pues, algunas duraban días y semanas. A ello había que añadirle la fama del aludido en cuestión y el porqué de la celebración. Nadie se quería perder las bacanales de Fatty Arbuckle. Pero su mujer, Araminta Durfee, se cansó de los excesos de su marido y lo abandonó. El mundo de Hollywood de los años 20 era un mundo frívolo en el que la bebida y las drogas corrían a raudales por las fiestas. Una cuba de alcohol y drogas de todos los colores habían corrido a raudales por las habitaciones del St Francis. Algo que no estaba en el guion era el affaire Virginia Rappe. Al parecer, aquella prometedora, actriz murió desangrada por la comentada peritonitis. Comienza un runrún de fondo donde se cruzan multitud de versiones sobre una hipotética violación con una botella de Coca-Cola, a manos de FA, la cual, le causó un fuerte desgarro en el interior de la de vejiga. Ella, una aspirante a actriz  famosa; Virginia Rappe. Se sintió mal y pocos días después murió de peritonitis. Pero una amiga suya acusó al cómico de haberla violado con una botella, consiguiendo llevarlo a los tribunales. En tres juicios, FA fue declarado inocente, pero su carrera quedó destruida para siempre. Obviamente, aquel affaire protagonizado por Roscoe Arbuckle escenificó —como ninguno— el descontrol de aquella Sodoma y Gomorra  psicotrópica, de todos los colores y apetitos, de las que hemos hablado por estos lares, en más de una ocasión. Tentaciones de las que pocos se salvan o abstenían en aquella Babilonia sine die y Scottfitzgelriana. No tengan la menor duda, que muchos de los que estaban detrás de la caza de brujas sobre el adiposo Fatty, no estaban más libres de pecado y espíritu envenenado. En el primer juicio mediático—de primera categoría— que la prensa de todo el país celebró y hostigó contra el indefenso FA. Aunque él siempre se declaró inocente y las pruebas no indicaban lo contrario, aparecieron en la prensa cientos de detalles escabrosos sin contrastar. Se habló de que la gran obesidad de Roscoe: le impedía mantener relaciones sexuales, y por eso, la había violado con una botella de champán o Coca-Cola. Otras versiones hablaban de repetidas e incesantes violaciones sobre la actriz y del ahogamiento de ésta, ya que al estar debajo de Roscoe, el peso de él la asfixió. Comentarios que salieron de la boca de FA—dichos o figurados desde las habitaciones contiguas a la orgía. Ya te tenía ganas. He esperado cinco años, y ahora, ya te tengo.
















Después de una media hora más o menos, Delmont oyó a V. Rappe que gritaba. Entonces llamó a la puerta y le dio un puntapié, ya que estaba cerrada con llave. Tras una larga demora; Roscoe Arbuckle vino a la puerta en pijama y con un sombrero de Rappe, ligeramente inclinada, el ala hacia la izquierda y sonriendo con una cara de loco; era la típica sonrisa cómica de pantalla. Detrás de él,  Mis Rappe  estaba tirada en la cama, sollozando. Arbuckle lo hizo”, dijo la actriz, según Delmont. Lo que sucedió en las horas subsiguientes destapó todo tipo de cuchicheos de costa Oeste a Este. Los diarios de William Randolph Hearst tenían un enorme lápiz al cual sacarle punta y por un buen tiempo. La gran historia deseada de la prensa del higadillo. El editorial diría más tarde —que el escándalo— de Arbuckle  vende más prensa, que el hundimiento del Lusitania. Las primeras páginas del imperio periodístico Hearst sacaba titulares espeluznantes. Todo ello, con una antelación idéntica— a la de estos años tecnológicos— de infinitas redes sociales. Mucho  antes de Arbuckle tuviera la oportunidad de decir su versión de los hechos. Aquellos rumores sobre, los que FA había cometido, todo tipo de depravaciones sexuales comenzaron arremolinarse. La campaña AntiFatty hizo su efecto. Toneladas de cartas inundaron los estudios Paramount, en la prensa amarilla publicaron las más increíbles noticias. Adolphe Zuckor se asustó y rescindió el contrato. La persecución que sufrió el orondo actor fue atroz. Sus películas fueron retiradas de los teatros y varias de ellas fueron destruidas. Aunque en el juicio se demostró su inocencia; el daño ya estaba hecho y Roscoe Fatty ya no fue nunca más el mismo. Arbuckle se entregó y estuvo durante tres semanas en la cárcel. La Policía hizo la foto de la ficha de FA con unos ojos azules abatidos, embotado en uno de sus  trajes caros y sucios, con su característica pajarita. Su cara redonda, empalidecía, y la sonrisa de Fatty se había difuminado. No quedaba nada de la alegría de aquellas muecas del celuloide. Permaneció en silencio como las insinuaciones sobredimensionadas. Dicen que todo esto venía de lejos. Pues, la actriz Virginia Rape tenía 25 años y había actuado, en un montón de producciones, con poca fortuna. Muchos de los filmes que rodó fueron con el director y productor: Henry Lehrman, un tipo, que envidiaba, la suerte y el éxito de FA. Casualmente, Miss Rape en una revista de la farándula fue preguntada ante la hipotética reunión de ella con Fatty Arbuckle. A lo que ésta, se explayó, a gusto, con el actor. Lo llamó—textualmente—ser repugnante, burdo, vulgar y muy irrespetuoso con las mujeres. Estos comentarios fueron muy cacareados, ya que la gente, que conocía bien al de Kansas, daba fe de su caballerosidad y generosidad con todo el mundo. Obviamente, los abogados de Arbuckle insistieron en su inocencia y se pidió que el público no hiciera de esta situación un juicio paralelo hasta que todos los hechos de la investigación concluyeran. Pero pronto se advirtió que la cosa pintaba fea, y, el actor Fatty Arbuckle tendría  hacer su mejor interpretación; la de convencer a todo el mundo de su inocencia. El comediante expresó a una historia muy diferente a la expuesta por M. Delmont. Arbuckle fue acusado de homicidio involuntario y la vista  para el juicio, en noviembre del mismo año. El fiscal, de San Francisco, Matthew Brady vio el caso la oportunidad perfecta para poner en marcha; su carrera en el campo de la política, pero que está empezando a tener problemas con su testigo estrella, Maude Delmont (misterioso y siniestro personaje que según las afiladas lenguas del Hollywood más canalla, se dedicaba a procurar de jóvenes ingenuas para las fiestas y orgias, donde circulaban los huéspedes masculinos de mayor parné). Delmont solía estar al quite de estos desagradables incidentes, pues, no era la primera ocasiones que se encontraban a los invitados implicados en un escándalo, por el cual, se les acusaba de violación. Delmont, ante situaciones más engorrosas utilizaba la extorsión como herramienta para acuerdos fructíferos.


















A veces afirmaba ser un amigo de por vida de Rappe; otras veces, ella insistió que se habían conocido pocos días antes de la fiesta. Sin embargo, Brady procedió a juicio. Los periódicos nunca cuestionaron la versión de la sibilina Maude Delmont. Y el proceso de lapidación a Arbuckle seguía su curso. Su reputación era un desastre, incluso después de que sus amigos Buster Keaton y Charlie Chaplin avalarán por su honorabilidad y comportamiento modélico. Finalmente la legión de picapleitos contratados por Arbuckle (ya había gastado más de 650.000 dólares) mostraron el informe médico, en el que Virginia Rappe había tenido una enfermedad crónica congénita de la vejiga. Así como una gran cantidad de abortos.Su autopsia concluyó —que allí no observaba— ninguna señal de violencia en el cuerpo. Ni evidencias que la muchacha había sido atacada de cualquier modo. (La defensa también tenía testigos con la información perjudicial sobre el pasado de Rappe, pero Arbuckle no les dejaría declarar, dijo, por respeto a los muertos.) El doctor que trató a Rappe, en el hotel declaró, que le había dicho, que Arbuckle no trató de asaltarla sexualmente. Pero el fiscal rechazó las alegaciones de la defensa con rumores. El 12 de abril de 1922, el jurado absolvió a Arbuckle del homicidio sin premeditación —después de deliberar durante sólo cinco minutos— cuatro de los cuales fueron utilizados para preparar una declaración: Absolución no es suficiente para Roscoe Arbuckle. Tenemos la sensación de que se ha hecho una   gran injusticia con él…no había la más mínima prueba presentada para implicarlo —de algún modo— con los argumentos espurios que se expusieron la Comisión de un delito. Fue honesto, valiente y franco con la justicia. Contó una sencilla historia que todos creemos. Le deseamos éxito y esperamos que el pueblo estadounidense otorgue la sentencia de catorce hombres y mujeres que Roscoe Arbuckle es totalmente inocente y libre de toda culpa. Una semana más tarde, William H. Hays, quien la industria cinematográfica de productores y distribuidores contrató como censor para restaurar su buena imagen y honorabilidad del negocio fílmico dimitió de su puesto. Cuando se percató que Fatty Arbuckle aparecía en la pantalla. No obstante, el daño estaba hecho. William H. Hays, no tardaría en volver a campar por los estudios a la caza de escenas subidas de tono o diálogos políticamente incorrectos. Las famosas películas de FA habían desaparecido de todos los escenarios y teatros del país. Films entre los que destacamos: Lead Year (1924) by J. Craze&F.Arbuckle Crazy to Merry (1921) by James CruzeThe garage (1919) by R. Fatty Arbuckle Back stage (1919) by R. Fatty Arbuckle Out West (1918) by R. Fatty Arbuckle Good Night, Nurse! By (1918) Fatty Arbuckle The Butcher Boy(1917)  by R. Fatty Arbuckle The Bell boy by R. Fatty Arbuckle 1917 Coney Island 1917 by Roscoe Arbuckle Mabel, Fatty and the Law 1915 by Roscoe Arbuckle The Rounders (1914) by Charles Chaplin The Knockout  (1914) by Charles Avery Fatty Again (1914) by Roscoe Arbuckle. Hablamos de un actor que entre unos rodajes e interpretaciones hizo alrededor de 170 peliculas Por el contrario, Fatty Arbuckle estaba exhausto tras todo este tiempo de pleitos. Terminó cambiando su nombre por el de William B. Goodrich y trabajó detrás de cámara, dirigiendo películas para los amigos que se mantuvieron leales a él y apenas ganan la vida de la única empresa que conocía. Posteriormente, esos buenos amigos comentaban muchas de las grandes habilidades que siempre tuvo para descubrir nuevos talentos. Su gran amigo de toda la vida, Buster Keaton le ofreció dirigir un moderno Sherlock Holmes en 1924 pero FA había perdido su carácter afable y simpático. Se había convertido en un ser amargado e irritable. No le dejaron dirigir la película su amigo Buster, pero insistió y finalmente rodó El molino de los duendes The red mill (1927) con Marion Davies (la esposa de Randolph Hearst). Fatty dirigió después Por encomienda postal Special delivery, (1927) con Eddie Cantor y Windy Riley goes Hollywood (1931) con Louise Brooks. Curiosamente, Mabel Normand, su ex-compañera en tantas películas, también tuvo un escándalo en 1922 que destruyó su importante carrera muriendo en 1930. Fatty en el sonoro sólo rodo un cortometraje como actor, visto en Hollywood, crónica negra (Hollywood, Unsolved Mysteries, 1989). Sin un centavo y con el secreto de todo el affaire más inquietante del Hollywood, de aquellos años. En 1933 un ataque al corazón acabó con la sonrisa de niño de grandes ojos azules y cara mofletuda. Roscoe Fatty Arbuckle tenía 46 años y vivía en la más absoluta soledad de la habitación de un hotel. Su alma y la de Virgina Rappe se llevaron el secreto más deseado de la divina comedía del cine, en la pérfida Babilonia. Descansen en paz  












                Dedidacado a Allen Toussaint  enero de 1938/noviembre 2015 In memoriam




Bibliografía consultada y recomendada


Roscoe "Fatty" Arbuckle: A Biography of the Silent Film Comedian (1887-1933) by Stuart Oderman Ed. McFarland. Redición  (2005)
Frame-Up!: The Untold Story of Roscoe Fatty  Arbuckle byAndy Edmonds
Ed. William Morrow  (1991)
The Day the Laughter Stopped by David Yallop Ed. Kindle Amazon
Yo, Fatty (Panorama de narrativas) by Jerry Stahl Ed. Anagrama (2008)