Sam Peckinpah; “El Piel roja indomable, el guerrero del ralentí...”

octubre 21, 2012 Jon Alonso 31 Comments









Posiblemente, el bueno de Sam y este mortal tengan la misma opinión de lo que es el cine y su significado: el aroma que nos inunda un rollo de celuloide. Es tan complicado hablar bien de quienes no te entienden, como bailar en la oscuridad, que díiría Von Trier. Nacido en Fresno, California, en una noche fría de un 21 febrero de 1925. David Samuel Peckinpah, director y guionista de cine, televisión y teatro. Pero por encima de todo, un artista. Evidentemente, esas interpretaciones se convierten en bifaces, que se revuelven como bumeranes de aborígenes australes. En el viaje que todo mortal tenemos pendiente; un poco de poesía y música para mostrar tu historia, a veces, contar tu película  en una turbia cripta. Tengo devoción por este cineasta. Se habrán dado cuenta que estaba en una de las primeras orlas del blog, pero el runrún de la renovación digital ha dado con ella, en el pequeño altar de mi estudio, junto a otros magos de su mundo. Aquellos directores con los que me tomaría el último trago. Sangre india, irlandesa y nórdica: mal asunto. El mestizaje es el grial de Benetton, pero la química demuestra en los despachos que estas embadurnado de espíritus molestos. Siempre dijo que todo lo que hay que saber de este oficio se lo enseñó el buen maestro, D. Siegel. Ahora luzco plumas blancas como las de los Yokut de Fresno. Los mismos amores y distintos colores, que  fluían por las venas del inefable, Sam. No obstante, dirigió 14 films maravillosos donde nos dejó su impronta y magisterio en la historia del cine: Una reformulación del western clásico llevándolo al territorio de la primigenia crepuscular y violenta. La televisión la manejó como nadie haciendo las delicias de una generación en blanco y negro con aquel “Hombre del Rifle”(1958). Se atisbaban maneras y poses políticamente incorrectas. Además de un lirismo caleidoscópico, que impregnaba el celuloide. Así como la profundidad psicológica de la que dotó a sus personajes. Aprendió a beber como un cosaco en las cantinas del Mar de China—porque el trabajo durante su guerra—era escaso, y cuando te aburres, no hay lugar más parecido; la Academia de Toledo, que la divertida y  adictiva cantina. Y le dio por las escuelas de Arte Dramático con enamoramiento de por medio. Siempre hay una primera Marie.  Cosa, que emulé mientras vendía bragas y medias de señoras en los almacenes del difunto tío de las hermanas Koplowitz. Sam me enseñó en su cine parte del  universo diario que contempló día a día; la soledad, lo patético, el individualismo, el escepticismo y los atormentados antihéroes y perdedores. Solía repetir: — “Todo es confuso y no sé bien que lo que hay que hacer. Estoy aprendiendo porque no tengo respuestas, solo preguntas que hacer.” Siempre que rodaba una película quería que todo espectador saliera del cine reflexionando de lo visto en la pantalla, pues quería transmitir inquietudes y tenía tantos conflictos como circuitos una placa base de un Pc, esencialmente, con sus adorados estudios.














Continua su monólogo: “Como narrador de historias no tengo valores absolutos ni hago juicios de valor. Lo único que sé es que mucha gente está muriendo en muchos sitios…El por qué o porqué. No hay respuesta para semejante cuestión de interrogación”. Y aquí vendría un poco del testimonio de su obra para recordar, que este ser odiado y amado por unos y los otros. Realizó “Compañeros mortales” (1961), con Mauren O´Hara de protagonista. Un fracaso y primer enfrentamiento en “moviola zone” y el personal. “Duelo en la alta sierra", con dos pesos pesados de la talla de Randolph Scott y Joel McCrea (1962), la cual,  ganó un premio en el Festival de cine de Bélgica. Donde la crítica europea elogio el film. Llegó, otro gran film, “Major Dundee” (1965) con un reparto de luxe; Charlton Heston, Richard Harris, y James Coburn. Heston le avisó, que diera mejor trato al equipo Dixit: “Hey,  “Quiet Man”. Mr Peckinpah…” Columbia, considerándola demasiado larga y complicada hizo numerosos cortes. Ni la Sra. Columbia del logo ni su productores sabían la tormenta de improperios que recibirían. Estaba en nómina para haber dirigido “Cincinnati Kid” (1965), pero se declinó la propuesta en favor de N. Jewison. Y llegamos a Grupo Salvaje (1969) tras la apoteosis de esta obra maestra llegó la cáustica y crepuscularmente anacrónica  "La balada de Cable Hogue " (1970) y entre estos dos años (1971), realizó en Inglaterra "Junior Bonner",  protagonizada por Stever Mc Queen, pero que pasó mucho más inadvertida por el gran público, que refleja las miserias de un Cowboy cuasi patético en  nueva obra de culto, muy influenciada por el realismo italiano. Vino la afamada  "Perros de Paja" (1971), con Dustin Hoffman  como protagonista. Las revistas de moda,"Esquire", "Life" o "Play Boy"se rifaban al iconoclasta Sam y los colectivos feministas desataron la guerra al cineasta. "La huida" (1972) adaptación "sui generis" de la novela de Jim Thompson, magistral donde se reencontró con su actor fetiche, S. Mc Queen. Y a partir de aquí comienza un periodo muy fértil donde condensó más  su cine más personal: "Pat Garret &Billy Kid"  (1973), con Bob Dylan. Después, la críptica y surrealista; “Quiero la cabeza de Alfredo García”, una de mis favoritas (1974). “Los aristócratas del crimen”(1975) y en 1977 filma, un bélico desgarrador y decadente; “La Cruz de hierro” (1977). El epitafio se cerró con Convoy (1978) con muchas carencias físicas y dificultades. El responso fue un desafortunado thriller “Clave: Omega” (1983). Filmó la violencia de un modo realista. La misma, que se veía desde varios planos como en “Grupo Salvaje” a través de los ojos de esos  niños, que queman hormigas y la batalla final es contemplada por la inocencia de mismos cristalinos. En definitiva, es la mirada solapada del final de los inocentes por los mismos reos. Aquellos, que miran ese futuro. Los iris,  que se dirigen al corazón de la civilización, que no es precisamente el más preferible, ya que ése el camino de regreso, a la sed de venganza más primitiva. El eterno duelo entre el hombre y el entorno. Reconvirtió el western de Ford en eso, que llamamos el crepuscular o cine del oeste postmoderno del clasicismo de Arizona pasando por Almería a los estudios de la Universal. La gente que mataba, explotaba, violaba y se emborrachaba.














El Oeste como el Far West que es. Era un cineasta independiente, al cual, nadie le dejó serlo. Los estudios lo contrataban porque veían cualidades en su estilo diferentes al resto de directores de la época y la industria valoraba su propuesta. Pensaron que tenían un genio entre sus manos. No obstante, cuando lo contrataban se daban cuenta, que habían contratado a alguien imposible de controlar. Su constante deseo por retratar la violencia sin embellecerla, pero con una técnica de ralentí y movimientos de cámara, que generaban la plástica de un ballet. Conseguía encontrar belleza, mucha belleza en algo tan detestable como el ensañamiento. Le llamaban Sam el sangriento porque rodaba la vida con la misma intensidad que el realismo sucio; un trovador en una Jam Session. El hombre y la sociedad, el momento, el instante donde vive. Sus películas son obras de arte que enajenaban a los productores de los estudios y encima conseguía desconcertar al público y a la cultura convencional. Las cosas hechas a medias es como la verdad a medias y eso hace que te des de cabezazos contra la pared. El conflicto permanece intacto. Se enfrentó a todos. El productor no entendía el rumor... de que porque Sam dice esto u lo otro. Si es un hombre encantador. Decía: "soy un mandado como los demás operarios del equipo..."  Y que era como una puta buena que iba a donde le mandaban de una patada. Dixit: “La diferencia entre una puta buena y una mala es muy simple. La primera te hace sentir que es importante sentirte en estado vivo y la segunda hace que sientas que estás desperdiciando tu dinero. Yo soy como una puta buena. He tenido buenos maestros. " Era tan irónico, que la realidad fue: hizo de todo menos ser un mandado.



















Él, era Sam Peckinpah y lo hizo como sólo SP sabría hacerlo. O se hacía a su manera o no se hacía. En el fondo era como Bukowski, hombre amable y muy sensible bajo un exterior de macho y alambre de espino en una trinchera de la II Guerra Mundial. El poeta mutilado. Aquel, que huele a intelectual de cueva y teepee. Donde la poesía se convierte en furia y subjetividad tras esa mirada de alma perdida. "Las juergas bitránicas y mediterráneas, que me he corrido como pólvora mojada quemé. Fuimos guionistas, pero la compañía no sintonizaba y crecimos en el cine a hostias" (me recordó un viejo amigo). Peckinpach lo hizo con estilo, personalidad y rubrica: su sello— obras maestras davincianas— de lo que fuimos antaño en Atapuerca, que devorábamos y triturábamos al vecino de cueva sin revólver ni lanza, con las manos. El fuego de vulcano, ese, que susurraba la danza india. Cuando veo la cara de Sam, me atrevo a ver la melancolía, el sufrimiento y la fuerza que le llevaron a filmar obras maestras. Piezas de culto. Denostadas por muchos e idolatradas por otros. Desde la perspectiva fílmico-estética estamos antes un narrador innovador,un grande, que creó escuela y en estas últimas décadas, mucho blockbuster se ha columpiado con algunos de sus elementos estéticos. El epitafio, la última frase le gustaría, una que repetía con asiduidad: “Ojalá me recuerden por 12 líneas de poesía, que por todas las películas he había rodado. Me gustan las puestas de sol y las mariposas.” En su búsqueda de la verdad, destruyó al mito. Y los mitos si los humanizamos sacamos sus miserias. Su muerte ha sido y  fue, la del  último piel roja detrás de una Panavision envainando un cuchillo de obsidiana en la sala de montaje. El corazón de un rebelde dejó de latir un día de Santos inocentes en 1984.





















                                                       Dedicado a Melchor Giménez 1960-octubre 2012 In Memoriam

                                                 (No supo nunca de Peckinpah. Pero le encantaba beber y ver sus pelis)















Biografía consultada y recomendada:

Sam Peckinpah  by Richard Luck  Ed. Pocket Essentials 2000
Sam Peckinpah “Vida salvaje” by G. Simmons Ed. T&B 2011
Sam Peckinpah  de Francisco J. Urkijo Ed. Catedra 1996
“The Films of Sam Peckinpah” by Neil Fullwood  Ed. Batsford 2003